El Regreso de los Guerreros Mochica

“Nadie nos dijo que fuéramos.

Nadie nos dijo que lo intentáramos.

Nadie nos dijo que sería fácil.

Alguien dijo, que somos nuestros sueños, que si no soñamos, estamos muertos.

Nuestros pasos siguen el instinto que nos lleva a lo desconocido.

No miramos los obstáculos que hemos superado, sino aquellos que vamos a superar.

No se trata de ser los mas rápidos, los mas fuertes o los mas grandes…se trata de ser nosotros mismos.

No somos, ni corredores, ni alpinistas ni esquiadores, ni siquiera deportistas…somos personas.

No estamos seguros de conseguirlo, pero estamos convencidos de conquistar la felicidad.

¿Que buscamos? ¿Quizás vivir?”

Kilian Jornet

Desafío Perú 8mil

Chiclayo. Base Militar de Pimentel.

Día 0

Tras un largo viaje, un escrupuloso cambio de llanta durante la mañana y un primer día de coordinación, organización y reposo  en las instalaciones militares de la escuela Elías Aguirre, los 8 equipos ya visten de colores y están listos para la ceremonia de inauguración, que llegó después de la última cena y dará inicio a uno de los más avezados y atractivos desafíos en la historia de Perú 8mil: “La Ruta Moche 2012”.

Ayer el grupo Maroon 5 tocó en vivo en el estadio Monumental de Lima. Hoy, 18 horas más tarde, su música enciende las vibras de los equipos y pone el bus en ambiente rumbo al Museo de las Tumbas Reales de Sipán, primer agasajo turístico para los 32 súper deportistas que observan con asombro los muros encantados de este recinto; un recóndito espacio que recoge el legado histórico- cultural de los Mochica y rinde principal homenaje a ese misterioso ser que conocemos como el gran Señor de Sipán, cuyo descubrimiento arqueológico sucedió hace 25 años y estábamos pronto a celebrar.

30 minutos después el museo cerraba sus puertas y la noche de inauguración se abría para la presentación oficial del Shi Muchik Fest: Festival de la Luna Mochica, un mega evento deportivo y cultural que nace con la intención de consolidar el norte del Perú y repotenciar cada año a la Ruta Moche, para dar a conocer su glorioso pasado y convertir este espectáculo en un referente turístico para el Perú y el resto del mundo.

A través de una proyección internacional se busca descentralizar la oferta turística tan concentrada del sur y presentar como sedes principales las ciudades de Trujillo, Pacasmayo y Chiclayo; escenarios de belleza natural, riqueza arqueológica, gastronómica e increíbles playas para la práctica del surf y otros fastuosos deportes acuáticos.

Así comenzaba esta aventura de extrema resistencia y esfuerzos que van más allá de lo físico o lo mental, y prometía inolvidables noches de luna llena y carreras continuas durante el todo el día. De esta forma se busca compartir el sentimiento de los Mochicas por la luna (Shi), esa gran deidad que para ellos fue más poderosa que el sol de los Incas, por ser la marcadora del tiempo que alumbra de noche, la que rige los movimientos del mar, la llegada de las lluvias y marca con su luz silenciosa esa asombrosa conexión que el Universo siempre nos concede.

Al final del espectáculo volvimos a la base lunar, desde la cual los guerreros repartieron sus últimos alimentos del día, armaron el esqueleto de sus bicicletas y las probaron a lo largo de los sombríos pasillos militares.

En cada esquina los atletas despojaban sus camarotes para descansar algunas horas antes del amanecer. Alineaban coordenadas, encendían brújulas, equipaban artefactos tecnológicos y forraban sus mapas por seguridad, dejándolos a salvo de cualquier clase de fuerza natural. Sus vidas ahora dependían de un pedazo de cartón.

Día 1

Partimos desde temprano para acompañar a los deportistas en el primer round de sus carreras. Abierta la puerta de la base militar la gente subió a los buses y salieron con todo hacia el inicio de una aventura interminable. El punto de partida oficial fue en las afueras del Museo de Sitio en las Pirámides de de Túcume, lugar ceremonioso que originó el despegue de la competencia. Hombres y mujeres empezaron a correr y a navegar desde sus mapas y su memoria en busca de las rutas escondidas, que debían descifrar con sus instrumentos por los alrededores del fascinante Bosque de Pómac, acaso uno de los escenarios más cinematográficos de esta aventura loca y arriesgada.

Aparentemente, este primer trekking de 20 km por las ruinas de Túcume no presentaba mayores dificultades. Sin embargo, el arte de interpretar la geografía de los mapas fue el arma decisiva a lo largo de la competencia. En palabras del uruguayo Rubén Manduré, capitán del equipo Thule de Uruguay-Argentina “la navegación era suburbana, y eso, con un mapa a escala 1:100.000 es la pesadilla de los navegantes; curvas de nivel poco precisas hacen muy difícil la navegación”. Infinidad de caminos iban apareciendo ante los corredores, moldeando la realidad que habían imaginado y que no figuraba en el mapa.

Los minutos pasaban y ningún equipo parecía descifrar los códigos secretos de la navegación. A lo lejos, uno de los equipos de Merrell “Patagonia Experience”, capitaneados por María Toro, empezaban a distinguirse desde los 401 metros de  altura del cerro “El Mirador” como el primer equipo en llegar, bastante lejos del resto. Parece que los comentarios acerca de lo bien que navegan los chilenos eran ciertos.

Fueron los primeros en subir los empinados caminos del cerro hasta llegar al punto de control número 8 de esa mañana. Descendieron rápidamente y continuaron su camino hacia los adentros de ese bosque seco y gigantesco que ilumina al pueblo de Pómac. A diferencia de ellos, los demás grupos (Merrell “Power Bar”, “Nextel Colombia”, “Thule-Trek” Uruguay / Argentina, Volkswagen “Ateneas”,  Cementos Pacasmayo “Cecot”,  Yumax “Montañistas” y Otto Kunz “Crossfit”) seguían perdiendo tiempo y corrían por todos lados en busca del camino correcto. Desde el cerro podíamos divisar una furiosa persecución entre los equipos que finalmente encontraron la salida a ese laberinto, treparon el cerro y continuaron navegando por los interiores y exteriores del bosque. Luego de algunas horas llegaron al Museo de Sitio de Sipán, importante puesto de transición donde tuvieron que resistir varios kilómetros más, hasta  por fin detenerse un momento para beber agua, comer rápido y recuperar energía, casi todo al mismo tiempo. Los equipos de apoyo fueron claves para ayudarlos a sobreponerse, afinar sus bicicletas y animarlos a continuar.

La oscuridad se hacía cada vez más profunda y el frío de la noche mantenía despierto al mundo entero.

Finalmente, los competidores llegaron exhaustos sobre ruedas al Museo de la Huaca Rajada, último puesto de control previo al campamento secreto donde permanecimos protegidos bajo la inmensa luz de la luna llena. Los chilenos llegaron primerísimos y se consagraron como los mejores navegantes de aquella tarde. Thule redujo a 55 los minutos de ventaja con los punteros colombianos de NEXTEL y quedaron terceros, a 10 minutos de los chilenos y a 2 minutos delante del poderoso combinado Perú-Colombia de Merrell/Powerbar, a cargo del reconocido deportista Vladimir Figari.

DÍA 2

Tras escasas horas de sueño, nos despertamos a las dos y media de la mañana y subimos a un bus rumbo a Talambo-Chepén, hacia la largada de ciclismo, prevista a las 6am. En el camino el bus de la prensa y los deportistas se quedó sin petróleo, varado a un lado de la carretera; inesperado naufragio en el amanecer. Un imprevisto que fue resuelto rápidamente por el equipo de Perú 8mil, siempre presente ante cualquier circunstancia. Minutos después apareció otro bus para transportar a los atletas y un poco más tarde una camioneta de la policía vino para llevarnos tras la competencia. Así llegamos a la plaza donde los ciclistas se iban alistando para continuar con esta carrera sin frenos, que no acepta la derrota.

Como un pelotón furioso los ciclistas partieron embalados rumbo al punto de transición en el pueblo “Mirador”, donde vive la señora Sara Guerrero (69), madre abnegada y luchadora solitaria que sacó a sus hijos adelante hasta que la abandonaron. Ahora contempla la vida desde una mecedora, y camina hasta un pozo de agua todos los días con un balde grande bajo el brazo.

Mientras tanto los atletas seguían enfrentando dificultades a lo largo de un recorrido pedregoso. Partieron en bicicleta, luego tuvieron que abandonarla para trepar un nuevo cerro y continuar a trote hasta dejar atrás La Libertad. Uno de los trekkings más largos con mayor desnivel de la carrera. Una vez cruzada la frontera hacia Cajamarca, en la zona del caserío Las Huacas-Tembladera, también conocida como la perla del Jequetepeque, los equipos Nextel de Colombia, Thule de Uruguay/Argentina y Merrell/Powerbar fueron los primeros en llegar a la orilla de una enorme laguna artificial y turquesa, mejor conocida como “Gallito Ciego”, donde los kayaks aguardaban por ellos para remar 24 km con un viento fuerte en contra y atravesar la represa hasta perderse en el horizonte.

Muchos equipos la sufrieron para llegar a la orilla, algunos recién aparecieron por la noche y fueron penalizados por no haber podido completar la ruta completa. Los atletas de Thule en cambio, alcanzaron al team guerrero de Figari luego de una rápida entrada al agua; minutos más tarde otra vez cambiarían los papeles. Los colombianos de Nextel quedaron relegados y se escuchaban escasas noticias del resto de los equipos.

Esa noche Thule y Powerbar llegaron primero, “pegados como estampillas” en palabras del uruguayo Rubén Manduré. Tras un nuevo traslado, se procedió con un intenso tramo largo de ciclismo nocturno, en el que muchos padecieron las consecuencias de ese esfuerzo abismal que no terminaba. La luna llena iluminaba desde el cielo a los caminantes, que continuaban recorriendo un último trekking por el desierto hasta llegar a Cañoncillo, un bosque extraordinario que presenta una riqueza natural sumamente valiosa, pero necesita agua y mayor cuidado para que los algarrobos vuelvan a florecer desde sus tierras; un área natural protegida cuya atmósfera pintaba la noche bajo la extraña silueta de los árboles. Horas después un viaje ligero por la autopista nos llevó rumbo al campamento itinerante, esta vez instalado en el estadio de Pacasmayo.

DÍA 3

Después de un sueño largo y reparador, algunos estiramientos y un desayuno apurado, los atletas salieron a correr muy temprano por la mañana hacia el hermoso balneario de Pacasmayo. Sin embargo, debido a la braveza del mar la prueba de Kayak quedó suspendida, y pese al lamento de los hombres, sólo les quedó cargar la balsa y correr sosteniéndolo a lo largo de la orilla. Inmediatamente después salieron en bicicleta por el malecón hasta Puémape, acaso una de las playas más deliciosas del norte; pequeña transición en el día del Guerrero.

Mientras dejaban las bicis a un lado, se alimentaban al paso y salieron trotando hasta ese otro edén que se apellida Chicama; un temible trekking de 26 km a lo largo de esta genuina playa surfera que posee la ola izquierda más larga del mundo. Sin más tiempo para detenerse, los atletas volvieron a subirse a sus poderosas montañeras hasta llegar al Complejo Arqueológico “El Brujo”, otro de los escenarios encantados de esta travesía, donde se encuentra el “Museo de Cao”, cuya principal residente es la famosa señora de Cao, entrañable personaje del norte peruano. Todos los días fueron sumamente atractivos, pues además de presentar constantes retos a los deportistas, se trata de una ruta que día a día revalora los principales atractivos turísticos de una cultura maravillosa. Quizá eso y los paisajes fueron una forma de ayudarlos a resistir el inmenso desgaste físico.

Sin embargo, fue muy difícil para los 8 equipos mantener el ritmo, y más de uno ya presentaba lesiones y algunas bajas a estas alturas. Varios no lograron llegar a tiempo a los puntos de control, cada vez se alejaban más del combinado peruano-chileno que disputaba la primera posición al lado de Thule, quienes recorrieron juntos el trayecto más largo de ciclismo de toda la carrera. El último tramo fue una aventura sin frenos hasta el lado más oscuro de la ruta moche, que comprendió bastantes horas en bicicleta rumbo el Estadio del celebrado Balneario de Huanchaco, donde acampamos por última vez, no sin antes caminar por el malecón, dejarnos envolver por la buena vibra del mar y las canciones de tres músicos fantasmas con alma de hippies que esa noche de luna elevaron sus cantos al cielo. Los equipos comenzaron a llegar a partir de la medianoche; sólo 20 minutos separaban a los dos primeros

DÍA 4

A las 3 am comenzaba el último trekking por el desierto: 30 km nocturnos sólo para valientes; un recorrido largo al ras de la madrugada. En medio de ese laberinto oscuro, los astutos corredores de Thule se las ingeniaron para ganar tiempo y voltearle el partido al combinado equipo de Merrell. Los atletas no pararon de pedalear hasta llegar primeros con la luz de la mañana. Descansaron poco, se alimentaron al toque y con la misma energía de recién llegados salieron impulsados y más motivados que nunca. La siguiente prueba fue una de las más interesantes. Desde las arenas de Huanchaco la tradición ancestral marina se hizo presente en la competencia, pues los equipos fueron guiados por expertos artesanos, con quienes aprendieron a armar auténticos caballos de totora, esas naves acuáticas inconfundibles que sólo encontramos en el norte.

Ágilmente se treparon a sus nuevas balsas y se lanzaron al agua para fluir sobre las impenetrables olas de Huanchaco. Algunos remaron y otros eligieron nadar por esas aguas frías pero reconfortantes. Carreras de ida y vuelta hasta las postas que brillaban a lo lejos. Al salir del agua la ventaja del equipo del uruguayo Rubén Manduré sobre el de Vladimir Figari se expandía cada vez más. La desesperación por sentir que la carrera se les iba de las manos podía reflejarse en el rostro desenfocado de Vladimir.

Sin embargo, no fue nada fácil para el Team Thule/Ttrek mantener esa ligera brecha de distancia. De hecho, fue una de las cosas más difíciles que les tocó hacer como equipo, pues ambos se jugaban la vida y al menor descuido los formidables corredores de PowerBar Subaru intentarían sobrepasarlos hasta dejarlos otra vez atrás del polvo. El último tramo exigió toda su resistencia, en bicicleta y a trote por el malecón y las autopistas rumbo hacia a la impresionante ciudadela de Chan Chan. La agonía de los competidores estaba por acabar.

El desenlace de esta competencia fue escrito algunos días después por uno de sus protagonistas, y, sinceramente, no encuentro mejores líneas para darle a este reportaje el final que se merece.

“Fueron 7 km en los que llevamos a Estanislao al límite mismo de sus fuerzas, con nuestras resistencias a tope, al borde de fundirnos literalmente y quedar reventados como caballos en la ruta. Era como un sueño, en el que escuchábamos los gritos de la gente, de nuestros asistentes, del staff. Nada nos detenía, la llegada fue increíble, teniendo como testigos a las ruinas y el museo de Chan Chan, patrimonio cultural de la humanidad. Una hilera de personajes ataviados con sus vestimentas típicas nos cobijaban a cada lado del camino. Cuando finalmente pasamos la meta, exhaustos, ya no importaba nada. El trabajo estaba hecho. Minutos después, y en un final casi calcado al nuestro, llegó el team Merrell/Powerbar. La decisión final ya es conocida, y casi no importa, porque carreras son carreras, a veces ganamos y muchas veces perdemos. De eso siempre conviene olvidarse pronto. Lo que sí importa es que dimos todo lo que teníamos hasta el instante final, como para quedar llenos de vida, de alegría y de satisfacción de poder hacer lo que más nos gusta. Gracias a todos por el apoyo que se siente y empuja en los momentos más inesperados”, expresó Rubén Manduré a través de la página de Atletas Perú.

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