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octubre 10, 2011 / blogfueradeltiempo

Pequeños hallazgos

El día del Equinoccio de Otoño 2009 encontré un mensaje del cielo en mi bandeja de entrada. Lo revisé rápidamente y decidí imprimirlo para leerlo mientras caminaba por las calles más silenciosas de la ciudad puma. Estaba viviendo en Cusco y el sol iluminaba el mundo con toda su potencia. El cielo era celeste y estaba muy contento. El viento soplaba con buen swing y fue mi mejor compañía durante esos meses. El mensaje trataba sobre cómo las energías que llegan al planeta se vienen intensificando, y cómo la purificación del planeta continúa y continuará. Ese día comprendí que con esta limpieza espiritual que recibe nuestra madre Tierra, cada uno de nosotros también se purifica. Comencé a notar entonces que las enfermedades y los virus nos llegan con una doble intención. Se trata de volver a estar limpios; purificar nuestra mente, emociones y alistarnos para el nacimiento de nuestro verdadero Ser.

Es ese despertar espiritual el que se viene acercando, ese despertar del alma del que nunca nos hablaron en los hogares, escuelas, iglesias, institutos o universidades. Más que un fin del mundo catastrófico, prefiero creer en un cierre de ciclo oscuro para un nuevo nacimiento cósmico. Una verdad trascendental que tarde o temprano llegará a nuestras vidas para colorearlas como nunca antes.

Desde el 2004 mi vida comenzó a transformarse. Elegí abrir mi corazón un poco más. Un poco para sanar heridas, otro poco para amistarme conmigo mismo y reconciliarme con la vida. Y entre clases de Yoga, cursos de meditación y estudios sobre el Sincronario Maya, comencé a sentir que la Madre Tierra es nuestra nave galáctica. Una nave que comienza a despertarnos a golpe de cambios climáticos, transformaciones inesperadas y fenómenos ambientales. Así como a ella, a los seres que la habitamos también nos han llegado nuevos trabajos de limpieza y crecimiento. Nos toca cambiar de rumbo y atravesar el puente de la ilusión para fusionarnos de nuevo con nuestra realidad espiritual, y así recordar las cosas que vinimos a hacer aquí, pero que en algún momento olvidamos sin darnos cuenta.

Cuando vayas reconociendo cosas que antes no notabas en ti mismo, irás poco a poco liberando tu mente de las dudas, y tu corazón del desamor. Entonces sonrreíras despacio, empezarás a confiar en el Universo que hay en tí y elegirás amar en vez de odiar. Ahí estará nuestra verdadera evolución.

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